nicoibarra | 20 Setembre, 2008 19:44
nicoibarra | 30 Juny, 2008 17:55
nicoibarra | 27 Maig, 2008 17:59
ETA, UNA PERSISTENCIA QUE CUESTIONA NUESTROS ANÁLISIS
Juan Carrero Saralegui
ETA es ya un fenómeno demasiado persistente como para interpretarlo con recetas tan simples como las que se nos sirven habitualmente. Año tras año, década tras década, los entendidos de turno, permanentes poseedores del saber, nos han adoctrinado sobre el estado terminal de ETA. "Ahora sí, nosotros estamos derrotando a ETA", nos decía Mayor Oreja. Y como él tantos otros. Hasta que de nuevo la crueldad y la sangre ahogaban tanto voluntarismo y autoafirmación.
A quienes hemos dudado de tales asertos, se nos ha hecho sentir casi como cómplices. Sobre todo si nos atrevíamos a insinuar que su derrota, tan invocada por algunos en una dialéctica aún guerracivilista de vencedores y vencidos, seguramente no será posible sólo con medidas judiciales y policiales. O si osábamos comentar que tanta proclamación de la supuesta debilidad de ETA es una permanente provocación que invita a los miembros de esta organización criminal a hacer nuevas y enérgicas demostraciones de "fuerza". En una guerra sin cuartel, como ellos entienden sus cobardes crímenes, nadie se permite ni la menor señal de debilidad. Son cosas de sentido común. Pero parece ser que hasta lo más simple se vuelve complicado cuando el politiqueo, el partidismo y la demagogia perturban nuestra mirada.
De nuevo ETA, tan infiltrada y en grave crisis, ha asestado hace unos días un nuevo y feroz golpe con el más absoluto desprecio de la vida no sólo de guardias civiles sino también de mujeres y niños. Sin aviso previo, como sí hubo en el atentado de la T4. Y de nuevo, también, acaba de caer su nueva cúpula. De nuevo, siempre de nuevo. Porque la fuerza de ETA no consiste, desde mi punto de vista, sólo ni principalmente en su capacidad criminal, que se nutre de rencor, pulsión thanática y legítima voluntad independentista, en unas proporciones que no me atrevo a considerar. Mi convicción, políticamente demasiado incorrecta, es que la fuerza de ETA nace y se sustenta fundamentalmente de nuestras propias debilidades y contradicciones.
ETA se nutre de nuestra chata y deprimente idea de la unidad nacional: unidad histórica (de los últimos siglos) y jurídico constitucional. Unidad que sin embargo elude la dimensión más sustancial y específica de la especie humana, de los individuos y de los colectivos: su libre decisión. Como muy bien dice el lehendakari Ibarretxe, ahora es el tiempo de la libre adhesión. Una unidad sin ella, a mí al menos, ni me interesa ni me parece que merezca tan magnífico nombre. A largo plazo el tiempo dirá si lo rancio es, como afirman tantos, esta emergente conciencia nacionalista, que la creciente globalización no parece aniquilar sino más bien despertar, o esa concepción de la unidad nacional tan ligada al estado nación "indivisible". Y a corto plazo sería un error creer que los resultados de las últimas elecciones nacionales, tan marcadas por el miedo a un triunfo del PP y por el voto útil, son extrapolables a las próximas autonómicas.
ETA se nutre de nuestra obsesión en deslegitimar algo que por muy ilegal que pueda parecer en este momento, es sin embargo legítimo: la consulta sobre el futuro encaje de Euskadi en el conjunto del Estado. Consulta que la gran mayoría de los vascos considera conveniente e incluso necesaria. "Sin violencia se puede hablar de todo", era durante décadas el argumento para impedirla. Para pasar a "no es constitucional", cuando la violencia había cesado. ETA se nutre de nuestro desprecio hacia un referendum específico, bien diferente de unas elecciones generales o autonómicas, en las que las cuestiones que nuestro voto decide son múltiples. Cuestiones entre las cuales, la de la soberanía no tiene por qué ser necesariamente la decisiva. Sobre todo a estas alturas en las que tantas competencias estatales pertenecen ya a la Unión Europea.
ETA se nutre del absurdo empeño de los líderes del PP y del PSOE, desde el presidente Rodríguez Zapatero para abajo, en dogmatizar sobre lo que quiere el pueblo vasco (o la sociedad vasca, pues aquí todos los términos están cargados de ideología), al mismo tiempo que se niegan sistemáticamente a escucharlo en cualquier tipo de consulta específica al respecto. "Los vascos rechazan las aventuras fuera de ley", acaba de afirmar nuestro presidente. Pero las estadísticas dejan claro que aunque la opción independentista no sea la de la mayoría, sí lo es la opción a favor de una consulta sobre su propio futuro. La del presidente es la última de una inacabable lista de formulaciones sobre lo que piensan, quieren o rechazan los vascos. Pero ¿por qué tanto rechazo a preguntárselo? Tan sólo evocar la posibilidad de una consulta ya entramos en el debate agotador, encasillado, sin salida, de la llamada autodeterminación.
Son todas estas y otras muchas inconsecuencias nuestras, de los que nos autocalificamos como demócratas, los únicos demócratas de una soberanía que sólo reside inapelablemente en el conjunto del Estado, las que utiliza ETA y todo el sector social que la mantiene viva. Aunque todo esto es por ahora un tabú para los dos grandes partidos estatales. Hay aún demasiadas emociones nacionalistas españolas, no asumidas como tales, enfrentadas al nacionalismo, al de los otros, los de la periferia. Hay demasiado voto cautivo de esa pobre concepción de la unidad nacional. El voto suficiente para decidir la mayoría absoluta de uno u otro partido. Y eso sin hablar del papel de las Fuerzas Armadas como garantes de la integridad territorial española, que la Constitución le adjudicó en el momento de una incipiente y frágil transición democrática.
Sin embargo me temo que, queramos verlo o no, el verdadero inicio del fin de ETA sólo llegará el día en que la mayoría de los vascos exprese su voluntad de permanencia en el marco del Estado. Será ese también el día de la nueva fundamentación de la auténtica unidad tan proclamada. Y si esa mayoría se expresase en el sentido contrario, habrá que respetar la voluntad de esa noble y querida tierra de Euskadi y confiar en los dirigentes a quienes las urnas encomienden la difícil tarea de liderar un futuro diferenciado, aunque compartido en otra unidad más amplia, la europea. ¿O es que acaso los dirigentes salidos de unas elecciones en las que triunfase una opción independentista no serían de fiar? En esta encrucijada en que nos encontramos no podemos permitirnos la menor inconsciencia. Las continuas faltas de respeto y agresiones que sufre el lehendakari, por ejemplo, la sistemática campañas de descrédito contra él, no sólo no van a impedir que sea el político más valorado y querido en Euskadi, sino que van a seguir ensanchando la brecha afectiva que aleja de nosotros a tantos vascos.
nicoibarra | 27 Maig, 2008 17:52
ETA es ya un fenómeno demasiado persistente como para interpretarlo con recetas tan simples como las que se nos sirven habitualmente. Año tras año, década tras década, los entendidos de turno, permanentes poseedores del saber, nos han adoctrinado sobre el estado terminal de ETA. "Ahora sí, nosotros estamos derrotando a ETA", nos decía Mayor Oreja. Y como él tantos otros. Hasta que de nuevo la crueldad y la sangre ahogaban tanto voluntarismo y autoafirmación.
A quienes hemos dudado de tales asertos, se nos ha hecho sentir casi como cómplices. Sobre todo si nos atrevíamos a insinuar que su derrota, tan invocada por algunos en una dialéctica aún guerracivilista de vencedores y vencidos, seguramente no será posible sólo con medidas judiciales y policiales. O si osábamos comentar que tanta proclamación de la supuesta debilidad de ETA es una permanente provocación que invita a los miembros de esta organización criminal a hacer nuevas y enérgicas demostraciones de "fuerza". En una guerra sin cuartel, como ellos entienden sus cobardes crímenes, nadie se permite ni la menor señal de debilidad. Son cosas de sentido común. Pero parece ser que hasta lo más simple se vuelve complicado cuando el politiqueo, el partidismo y la demagogia perturban nuestra mirada.
De nuevo ETA, tan infiltrada y en grave crisis, ha asestado hace unos días un nuevo y feroz golpe con el más absoluto desprecio de la vida no sólo de guardias civiles sino también de mujeres y niños. Sin aviso previo, como sí hubo en el atentado de la T4. Y de nuevo, también, acaba de caer su nueva cúpula. De nuevo, siempre de nuevo. Porque la fuerza de ETA no consiste, desde mi punto de vista, sólo ni principalmente en su capacidad criminal, que se nutre de rencor, pulsión thanática y legítima voluntad independentista, en unas proporciones que no me atrevo a considerar. Mi convicción, políticamente demasiado incorrecta, es que la fuerza de ETA nace y se sustenta fundamentalmente de nuestras propias debilidades y contradicciones.
ETA se nutre de nuestra chata y deprimente idea de la unidad nacional: unidad histórica (de los últimos siglos) y jurídico constitucional. Unidad que sin embargo elude la dimensión más sustancial y específica de la especie humana, de los individuos y de los colectivos: su libre decisión. Como muy bien dice el lehendakari Ibarretxe, ahora es el tiempo de la libre adhesión. Una unidad sin ella, a mí al menos, ni me interesa ni me parece que merezca tan magnífico nombre. A largo plazo el tiempo dirá si lo rancio es, como afirman tantos, esta emergente conciencia nacionalista, que la creciente globalización no parece aniquilar sino más bien despertar, o esa concepción de la unidad nacional tan ligada al estado nación "indivisible". Y a corto plazo sería un error creer que los resultados de las últimas elecciones nacionales, tan marcadas por el miedo a un triunfo del PP y por el voto útil, son extrapolables a las próximas autonómicas.
ETA se nutre de nuestra obsesión en deslegitimar algo que por muy ilegal que pueda parecer en este momento, es sin embargo legítimo: la consulta sobre el futuro encaje de Euskadi en el conjunto del Estado. Consulta que la gran mayoría de los vascos considera conveniente e incluso necesaria. "Sin violencia se puede hablar de todo", era durante décadas el argumento para impedirla. Para pasar a "no es constitucional", cuando la violencia había cesado. ETA se nutre de nuestro desprecio hacia un referendum específico, bien diferente de unas elecciones generales o autonómicas, en las que las cuestiones que nuestro voto decide son múltiples. Cuestiones entre las cuales, la de la soberanía no tiene por qué ser necesariamente la decisiva. Sobre todo a estas alturas en las que tantas competencias estatales pertenecen ya a la Unión Europea.
ETA se nutre del absurdo empeño de los líderes del PP y del PSOE, desde el presidente Rodríguez Zapatero para abajo, en dogmatizar sobre lo que quiere el pueblo vasco (o la sociedad vasca, pues aquí todos los términos están cargados de ideología), al mismo tiempo que se niegan sistemáticamente a escucharlo en cualquier tipo de consulta específica al respecto. "Los vascos rechazan las aventuras fuera de ley", acaba de afirmar nuestro presidente. Pero las estadísticas dejan claro que aunque la opción independentista no sea la de la mayoría, sí lo es la opción a favor de una consulta sobre su propio futuro. La del presidente es la última de una inacabable lista de formulaciones sobre lo que piensan, quieren o rechazan los vascos. Pero ¿por qué tanto rechazo a preguntárselo? Tan sólo evocar la posibilidad de una consulta ya entramos en el debate agotador, encasillado, sin salida, de la llamada autodeterminación.
Son todas estas y otras muchas inconsecuencias nuestras, de los que nos autocalificamos como demócratas, los únicos demócratas de una soberanía que sólo reside inapelablemente en el conjunto del Estado, las que utiliza ETA y todo el sector social que la mantiene viva. Aunque todo esto es por ahora un tabú para los dos grandes partidos estatales. Hay aún demasiadas emociones nacionalistas españolas, no asumidas como tales, enfrentadas al nacionalismo, al de los otros, los de la periferia. Hay demasiado voto cautivo de esa pobre concepción de la unidad nacional. El voto suficiente para decidir la mayoría absoluta de uno u otro partido. Y eso sin hablar del papel de las Fuerzas Armadas como garantes de la integridad territorial española, que la Constitución le adjudicó en el momento de una incipiente y frágil transición democrática.
Sin embargo me temo que, queramos verlo o no, el verdadero inicio del fin de ETA sólo llegará el día en que la mayoría de los vascos exprese su voluntad de permanencia en el marco del Estado. Será ese también el día de la nueva fundamentación de la auténtica unidad tan proclamada. Y si esa mayoría se expresase en el sentido contrario, habrá que respetar la voluntad de esa noble y querida tierra de Euskadi y confiar en los dirigentes a quienes las urnas encomienden la difícil tarea de liderar un futuro diferenciado, aunque compartido en otra unidad más amplia, la europea. ¿O es que acaso los dirigentes salidos de unas elecciones en las que triunfase una opción independentista no serían de fiar? En esta encrucijada en que nos encontramos no podemos permitirnos la menor inconsciencia. Las continuas faltas de respeto y agresiones que sufre el lehendakari, por ejemplo, la sistemática campañas de descrédito contra él, no sólo no van a impedir que sea el político más valorado y querido en Euskadi, sino que van a seguir ensanchando la brecha afectiva que aleja de nosotros a tantos vascos.
nicoibarra | 22 Maig, 2008 20:22
El Comitè de solidaritat de Balears amb Euskal Herria amb el suport de l'Associació "Drets humans de Mallorca" , convoca a un acte a favor de l'autodeterminació del Poble Basc.
Aquest dissabte 24 entre les 11 h i 13h, al c/Sant Miquel ( enfront de l'església del mateix nom ).
L'acte consistirà en la realització d'una votació, en relació a l'autodeterminació del Poble Basc, entre les persones que voluntàriament hi vulguin participar.
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Manifest a favor de que es consulti al poble sobre el seu futur
Des de fa més de 50 anys el poble d'Euskal Herria viu un conflicte que a totes les vistes pareix enquistat en el temps. Aquest conflicte afecta a la convivència entre ciutadans i altera les relacions normals entre els pobles que conformen l'Estat espanyol. Mitjançant aquest manifest ens situem amb als sectors de la població (partits, sindicats, organitzacions pacifistes, etc.) que pensen que la solució d'un conflicte s'assoleix mitjançant el diàleg i la negociació de les parts enfrontades.
Pensem i manifestem que els problemes s'han d'afrontar sempre des d'un esperit constructiu, partint del convenciment que les lleis es fan per servir la convivència i no per empresonar voluntats. A tal efecte s'ha de tenir present que si és fa necessari s'ha de modificar el marc jurídic actual, ja sigui l'Estatut d'autonomia o la Constitució Espanyola.
L'objectiu de tota societat civilitzada ha de ser assolir un millor marc d'enteniment entre iguals, cercar el respecte de les entitats dels pobles que el conformen i, més concretament, respectar la voluntat que manifesta el poble. Per això volem que l'Estat Espanyol camini per la senda de l'entendriment i el diàleg, i es respecti la voluntat dels pobles que el conformen.
Consideram fonamental que es respecti la voluntat d'Euskal Herria.
Per tot això volem:
Palma, 24 de maig de 2008
Comitè de solidaritat de Balears amb Euskal Herria
http://euskalherriabalears.balearweb.net/
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